Vimos este «elefante» cuando volvíamos de las islas Berlengas a Peniche, en Portugal. Aunque íbamos en lancha a toda velocidad (casi volando sobre las olas del Atlántico), el capitán redujo la marcha al llegar a esta formación rocosa y dejó que Nico fotografiara el «elefante de las Berlengas» al atardecer.
Las islas de las Berlengas están a unos 10 kilómetros de Peniche, en la región del Oeste de Portugal. Sin embargo, aunque todo el archipiélago está formado por tres islas y tiene una superficie total de unas 985 hectáreas, solo se puede visitar la isla de Grande Berlenga. Grande Berlenga mide 1,5 kilómetros de largo y 0,8 kilómetros de ancho. Como es tan pequeña, el número máximo de turistas que se permite en la isla es de 350 al día. A los otros dos islotes, Estelas y Farilhões-Forcados, solo pueden acceder los científicos que estudian la flora y las aves del archipiélago de las Berlengas.
En junio de 2011, el Consejo de Coordinación del Programa «El Hombre y la Biosfera» de la UNESCO incluyó el archipiélago de las Berlengas en la Red Mundial de Reservas de la Biosfera. No podíamos ponerle ninguna pega a esta decisión. La naturaleza de las Berlengas es impresionante, pero también nos recuerda lo mucho que los humanos dependemos de las fuerzas de la naturaleza en este lugar. Al atardecer de ese día, el mar cerca de la isla de Elefante estaba en calma. Sin embargo, lo cierto es que ninguna de las islas está habitada de forma permanente. Hoy en día, a veces los únicos habitantes de Grande Berlengas son los fareros, que trabajan en turnos semanales. Ya en el siglo XVI, los monjes que vivían en la fortaleza de Berlengas abandonaron la isla. Y los piratas no fueron la única razón. Las duras condiciones climáticas y la lejanía de tierra firme hacían casi imposible que vivieran en la isla.