Un día de invierno, durante mi primera excursión por un glaciar en Islandia, nos detuvimos junto a lo que parecía un lago helado cualquiera. El plan era sencillo: coger el objetivo más gran angular, acercarme al hielo y capturar algunas de esas burbujas de aire perfectamente atrapadas que todo el mundo publica en Instagram.
Una buena idea. Pero allí, de pie, por primera vez en Islandia, sentí que algo diferente me atraía.
Al otro lado de la laguna, elevándose por encima de todo, se alzaba un enorme glaciar que brillaba con tonos cian y blancos que nunca antes había visto en la naturaleza. Parecía vivo: un río lento y helado del tiempo. De repente, esa idea de los «primeros planos con burbujas de aire» ya no me parecía tan emocionante.
El teleobjetivo frente al gran angular: cuando la distancia revela los detalles
Llevaba mi Nikon D800 colgada al cuello y, por instinto, cogí el teleobjetivo en lugar del gran angular. Los gran angulares te dicen dónde estás, pero los teleobjetivos te transmiten cómo se siente. Quería esa compresión que consigue un objetivo largo al aplanar la perspectiva y resaltar la textura y las formas.
Los ajustes eran sencillos, pero bien pensados:
EXIF: ISO 100 | f/7,1 | 1/500 s | Nikon D800
La luz era nítida, el aire cortaba, y entonces los vi. Tres pequeñas figuras caminando junto a la laguna helada. Parecían minúsculos frente a la pared del glaciar. Y ahí estaba: el elemento que faltaba para darle a esta imagen su historia de escala.
A la espera del momento perfecto para fotografiar un glaciar en Islandia
Se movían con cautela, avanzando lentamente, pero sin subir. Me di cuenta de que se quedarían cerca de la orilla de la laguna, perfecto. Delante de mí, fragmentos de hielo se alzaban de la superficie como aletas dorsales, «estructuras parecidas a tiburones» que se deslizaban por la laguna helada. Encuadré, enfoqué y esperé.
Cuando los tres quedaron perfectamente alineados, pulsé el obturador.
>Clic.
>En ese único fotograma, la escena pasó de ser un paisaje a convertirse en una historia, con los humanos como un susurro en una tierra moldeada por gigantes.
Una lección sobre la escala para fotógrafos
Este momento me hizo pensar en lo siguiente: a veces, la mejor forma de mostrar la grandeza de la naturaleza no es ampliar el encuadre, sino dejar que lo pequeño hable por sí mismo. Al incluir la presencia humana en espacios inmensos, el público percibe al instante una sensación de inmensidad, aislamiento y asombro.
Si estás fotografiando glaciares, aquí tienes un consejo
rápido: No te obsesiones siempre con capturar el gran panorama. Usa un teleobjetivo para comprimir las capas y dejar que la escala surja de forma natural. ¿Y si alguien se cuela en tu encuadre? No te enfades: compone la foto.
Glaciar en Islandia
Los glaciares de Islandia cubren aproximadamente el 10 % de la superficie del país, y algunos alcanzan varios cientos de metros de espesor. Están en constante movimiento, esculpiendo valles y dando origen a las impresionantes lagunas que hacen que la costa sur de Islandia sea famosa en todo el mundo. Descubre más sobre otros glaciares y otros datos interesantes.
Aquel día de febrero no caminé sobre el hielo, pero me llevé algo mejor: una fotografía que captaba a la vez la sensación de insignificancia, el asombro y la quietud.
Allí, frente a ese glaciar, lo entendí: lo importante no es lo grande que sea el paisaje, sino cómo te hace sentir por dentro.
Echa un vistazo a mi otra entrada del blog Excursión al glaciar Vatnajökull | Islandia y Seljalandsfoss | Islandia o Vík, en Mýrdalur | Islandia para saber más sobre mi viaje a Islandia en 2020.











