Fátima, en Portugal, es el cuarto destino de peregrinación católica más importante de Europa. Incluso en los meses de invierno, la plaza frente al Santuario de Fátima se llena de peregrinos de rodillas. Y el origen de este culto está ligado a la historia de los tres pastorcitos.
Orígenes de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario
En mayo de 1917, tres niños que pastoreaban ovejas cerca de Fátima vieron un haz de luz junto a uno de los árboles. Lucía dos Santos y sus dos primos, Francisco y Jacinta Marto, vieron en esa luz a una mujer que les pidió que visitaran ese lugar cada día 13 del mes. A cambio, les prometió revelarles algunos secretos. La mujer resultó ser la Virgen María y les reveló secretos como el fin de la Primera Guerra Mundial. También les pidió que construyeran un templo donde los creyentes pudieran rezarle.
La Basílica de Nuestra Señora del Rosario se construyó entre 1923 y 1953 en estilo neobarroco. En las catacumbas del santuario se encuentran las tumbas de los tres pastorcitos que vieron a Nuestra Señora.
Tuvimos la oportunidad de visitar el santuario de Fátima con Nico un día de invierno. Al salir del interior, nos llamó la atención el contraste de luces: la luz dorada que inundaba la columnata del santuario y la luz fría del día que rodeaba el edificio. Era casi como si la luz quisiera separar lo sagrado de lo profano.








