No hay nada más fascinante que ver cómo se despierta una ciudad. Cualquier zona que esté a rebosar durante 20 horas o más tiene esos pocos momentos de pura tranquilidad. En Viena, el lugar donde más pude disfrutar de esto fue la Karlskirche.
Con su reflejo perfecto, no puedes evitar encontrar la paz interior mientras disfrutas de la salida del sol y contemplas todo bajo una luz cálida. En un día normal, la plaza frente a la iglesia estaría llena de gente, pero en esta ocasión estaba vacía y no se oían los ruidos del ajetreo de la ciudad. La fotografía matutina tiene una relación directa con la meditación.
Un poco sobre la iglesia:
La Karlskirche de Viena, que traducido significa «Iglesia de Carlos», está dedicada a San Carlos Borromeo, un contra-reformista del siglo XVI, conocido por curar a los enfermos de peste. La iglesia se construyó a principios del siglo XVIII. La Karlskirche está diseñada principalmente en estilo barroco, pero hay muchas referencias a otros estilos, por ejemplo, la fachada que conduce al pórtico, que se asemeja al pórtico de un templo griego.
Hoy en día, la iglesia acoge conciertos de Antonio Vivaldi. Esto se debe a que este compositor murió en un hospital cercano y fue enterrado en esa iglesia. Aunque sus obras se destruyeron y se perdieron, los conciertos en la Iglesia de San Carlos traen de vuelta recuerdos sobre él.